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Ronquidos en el albergue

VocabularioComunicaciónGramática
Duración: 3' 07"
Velocidad: media-lenta
Registro: estándar, formal
Nivel MCER: B2
Los viajes
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Hablantes
NombreNombre propioSexoEdadEducaciónOcupaciónOrigenVariedad de habla
HOY Javier Hombre 25-40 Graduados o universitarios Profesor Burgos Castilla
Situación
En su despacho, Javier narra un viaje por el Camino de Santiago.

HOY:   En el primer... en el primer albergue, por contar así algunas anécdotas que recuerdo ahora, en el primer albergue en el que... en el que yo estuve, en Roncesvalles, eh... recuerdo perfectamente que, claro, evidentemente, el primer día no habíamos andado prácticamente nadie, salvo los que venían desde Francia andando; algunos habían hecho la jornada anterior de Saint Jean Pied de Port, que son treinta y dos kilómetros, que es bastante dura porque tiene... sube de cuatrocientos metros que tiene Saint Jean hasta el alto de Ibañeta que son mil doscientos, y luego bajar a Roncesvalles; pero salvo muy poquitos que habían andado, los demás íbamos descansados, habíamos llegado en autocar a las siete y media de la tarde a Roncesvalles, entonces nos acostamos temprano, como a las once y media; y el hecho chusco es que, a la una de... a la una de la madrugada de... en un dormitorio corrido con veinticuatro camas estábamos veintitrés señores sentados en la cama, en nuestro saco de dormir, charlando, y un brasileño, un señor brasileño de setenta y dos años, roncando como un absoluto poseso; había gente que... gritando... El que estaba justo... debajo de mí (yo estaba en... en la litera de arriba), este señor, gritando: «¡Ese... ése lo tiene que estar haciendo adrede, es imposible que... que esté roncando normal! ¡Eso tiene que ser un teatro!». El caso es que estábamos veintitrés despiertos y un brasileño roncando como un salvaje. Al día siguiente, este brasileño hizo la misma jornada que yo, es... llegué... es decir, llegamos a Zubiri, y yo hice Roncesvalles-Zubiri, que son veintitrés kilómetros, y... me tocó en el mismo albergue que él; entonces, yo, ni corto ni perezoso, hablé con el... con la dueña del albergue, me cogí el colchón, y me fui a un frontón; como buen pueblo... buen pueblo navarro, tenía un frontón enorme, y puse el colchón en medio de... de un frontón, pero enorme de... de grande, y allí pasé la noche con más miedo que vergüenza, porque estaba yo solo, y, bueno, pues una zona Navarra con... con bastantes peligros, y, bueno, oía perros, oía de todo al lado, ¿no? Al día siguiente, que yo hice Zubiri-Pamplona, que son veinticinco kilómetros, me tocó en el mismo... en una... era una ikastola, el gimnasio de una ikastola, donde nos metieron a... a dormir; a mí me tocó muy cerca de él, y a la una de la madrugada, viendo que yo no podía dormir, porque este hombre era... roncaba como un auténtico salvaje, cogí el colchón, y me fui de nuevo a un frontón, en este caso abierto, en el que me estuvo dando el viento y la brisa toda la noche, pero por lo menos no escuché a aquel poseso, que nos... que, de paso, nos dijo que su familia, su mujer y sus hijos, le habían grabado, le habían llevado a un médico, y era un enfermedad por la que, curiosamente, su mujer se había divorciado, cosa que todos entendíamos perfectamente porque no..., o sea, no había quien lo aguantase, claro. Era... no era un ronquido normal, ¿no? Era una... una... auténtica ametralladora.