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Juanelo Turriano

VocabularioComunicaciónGramática
Duración: 2' 19"
Velocidad: media
Registro: formal
Nivel MCER: B2
El arte y la cultura
Unidades de medida
Industria (Ingeniería e invenciones)
 
Coordinación
Construcciones con se
Preposiciones (por / para, preposiciones regidas por verbos y adjetivos)

Hablantes
NombreNombre propioSexoEdadEducaciónOcupaciónOrigenVariedad de habla
MAR   Mujer     Locutora    
Situación
Un programa de divulgación científica en un medio de comunicación.

MAR:   El hombre del siglo XVI se siente libre para dejarse llevar por la creación artística, y para explorar el mundo, todos los mundos. Tiene fe en sí mismo, se ve capaz de adentrarse en los misterios de la naturaleza, cuyas fuerzas cree poder controlar. Domina la técnica, es dueño del tiempo y del espacio. Es un nuevo dios que puede crear otra nueva realidad hecha a la medida de sus necesidades. Y tan optimista se siente que no sólo busca aplicaciones prácticas, sino que disfruta en la búsqueda. Y se apasiona por lo exótico, por el juego, por la sofisticación, hasta por la broma. Y ya el colmo de los colmos, el poder, cada día más poderoso, ejerce un mecenazgo sobre todas estas actividades, y ampara a los artistas y a los científicos, aunque soplen vientos desfavorables contra cualquier acción o reflexión que atente contra la verdad revelada, contra el dogma. En este contexto, surgen personajes singulares, unos reconocidos, y otros que han resurgido de sus cenizas por la literatura o por otras disciplinas. Un buen ejemplo es Juanelo Turriano, que ha inspirado novelas, estudios y fundaciones. Fue relojero de Carlos I de España y V de Alemania, y le acompañó en su retiro en Yuste. Felipe II le reclamó a su lado y le nombró arquitecto y matemático mayor. Diseñó proyectos tecnológicos como la acequia de Colmenar, los desagües de Aranjuez y del Escorial, y ya, como derroche, el llamado artilugio de Juanelo, que en trescientos metros de recorrido y noventa de desnivel podía elevar diariamente diecisiete mil litros del agua del Tajo al mismísimo Alcázar de Toledo. Tanta fue su fama en esos años que le llamaron de Roma para colaborar en la reforma del calendario, y hasta imaginó la creación de androides. Pero como pasa con tantos genios, acabó siendo postergado. Acoso moral, se diría hoy. Víctima de la envidia y de los morosos. Y murió pobre y olvidado.